No estamos en los años setenta, donde jóvenes hippies protestaban en oposición a la política exterior belicista
estadounidense, y una rosa podría evitar un tiro de fusil, un acto
simbólico que representó la paz en tiempos de guerra, esta vez es una rosa roja
que sustituye el pesado y viejo fusil de los ex guerrilleros de la FARC que
cambiaron las montañas por un curul.
La fuerza armada
revolucionaria colombiana un
grupo que surgió como una autodefensa campesina contra la violencia que
protagonizaban las bandas armadas
políticas vinculadas a los partidos Liberal y Conservador, más de cinco
décadas involucrados en la guerrilla, dedicados firmemente a su ideología
comunista (Marxista-leninista) y apegados a la lucha
armada como principal fuente para obtener el poder político, una guerra interna
que dejo más de 220.000 muertos en Colombia., hoy cambia su nombre, transforma
su ideología, cambia su fachada, cuelgan el uniformé verde, aunque con su mismo
himno, se ponen el traje y la corbata y se levantan para hacer política.
El proceso de paz en Colombia ya dio su inicio, con la
formación del gran y polémico partido de Timochenko, la Fuerza Alternativa
Revolucionaria del Común (FARC), y
además el gobierno colombiano con la aprobación del proyecto de reforma
constitucional le garantizo cinco curules en el Senado y cinco en la Cámara y
competirá de manera oficial en los próximos comicios fijados para marzo del año
entrante, se verán las caras contra otros partidos políticos colombianos, que
años antes los hijos de Jacobo les amenazaban con secuéstralos y matarlos
Su nuevo logo con
9 pétalos rojos, que muchos vieron como ofensa para los caídos, una rosa
marchita que se pone en una tumba de los olvidados, otro quieren hacer política
con ello, y necesitan que los muertos estén aun más olvidados, pero mantienen
sus siglas como lo hizo el
Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y otros grupos subversivos, aunque cambien su
organización en general, mantienen unas siglas que todavía contienen un oscuro
y catastrófico pasado en la vida política colombiana.
La izquierda y la lucha armada siempre han estado
enamoradas e inseparables, un amor tóxico que nunca dio resultado, y lo vemos
en nuevos tiempos, en Latinoamérica cada vez son menos quienes apuestan por las
armas y las montañas, no es señalar que la FARC es un ejemplo por su adaptación a la política y el abandono de la
lucha armada; la paz debe estar enlazada con la justicia, y la impunidad no
debe reinar, no es crear un circo y buscar que todos caminen felices por los
pétalos de rosas, olvidando que todavía hay familiares que tienen décadas
esperando noticias de sus desaparecidos, miles de muertos que nunca tuvieron
justicia, daños irreparables a periodistas secuestrados, caseríos transformados
en pueblos fantasmas. Al no haber un responsable de más de medio siglo de
guerras y sufrimiento; estos efectos hacen que el proceso de paz sea manchado
con populismo.


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