martes, 12 de septiembre de 2017

La Rosa y el Fusil. Victor Caballero



    No estamos en los años setenta, donde jóvenes hippies protestaban en oposición a la política exterior belicista estadounidense, y una rosa podría evitar un tiro de fusil, un acto simbólico que representó la paz en tiempos de guerra, esta vez es una rosa roja que sustituye el pesado y viejo fusil de los ex guerrilleros de la FARC que cambiaron las montañas por un curul.
    
   La fuerza armada revolucionaria colombiana un grupo que surgió como una autodefensa campesina contra la violencia que protagonizaban las bandas  armadas políticas vinculadas a los partidos Liberal y Conservador, más de cinco décadas involucrados en la guerrilla, dedicados firmemente a su ideología comunista (Marxista-leninista) y apegados a la lucha armada como principal fuente para obtener el poder político, una guerra interna que dejo más de 220.000 muertos en Colombia., hoy cambia su nombre, transforma su ideología, cambia su fachada, cuelgan el uniformé verde, aunque con su mismo himno, se ponen el traje y la corbata y se levantan para hacer política.  
 


    El proceso de paz en Colombia ya dio su inicio, con la formación del gran y polémico partido de Timochenko, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC),  y además el gobierno colombiano con la aprobación del proyecto de reforma constitucional le garantizo cinco curules en el Senado y cinco en la Cámara y competirá de manera oficial en los próximos comicios fijados para marzo del año entrante, se verán las caras contra otros partidos políticos colombianos, que años antes los hijos de Jacobo les amenazaban con secuéstralos y matarlos

  

   Su nuevo logo con 9 pétalos rojos, que muchos vieron como ofensa para los caídos, una rosa marchita que se pone en una tumba de los olvidados, otro quieren hacer política con ello, y necesitan que los muertos estén aun más olvidados, pero mantienen sus siglas como lo hizo el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y otros grupos subversivos, aunque cambien su organización en general, mantienen unas siglas que todavía contienen un oscuro y catastrófico pasado en la vida política colombiana. 





    La izquierda y la lucha armada siempre han estado enamoradas e inseparables, un amor tóxico que nunca dio resultado, y lo vemos en nuevos tiempos, en Latinoamérica cada vez son menos quienes apuestan por las armas y las montañas, no es señalar que la FARC es un ejemplo por su  adaptación a la política y el abandono de la lucha armada; la paz debe estar enlazada con la justicia, y la impunidad no debe reinar, no es crear un circo y buscar que todos caminen felices por los pétalos de rosas, olvidando que todavía hay familiares que tienen décadas esperando noticias de sus desaparecidos, miles de muertos que nunca tuvieron justicia, daños irreparables a periodistas secuestrados, caseríos transformados en pueblos fantasmas. Al no haber un responsable de más de medio siglo de guerras y sufrimiento; estos efectos hacen que el proceso de paz sea manchado con populismo.